La Señora Cinturon Negro
Única en Sudamérica y una de las siete en el Mundo dentro de su escuela y categoría, no es precisamente lo que se puede denominar una responsabilidad fácil de llevar.
Pero para Mónica Spalvieri de Larralde (23 años,1º Dan de la Shorin Ryu Shidokan), ese complicado deber, tomado con alegría, firmeza y disciplina, se torna sencillo. Y es esa actitud la que Mónica deja traslucir permanentemente en al tatami. Un redactor de Yudo-Karate, Carlos Comitini, la entrevistó en el dojo del Instituto Mitsuba.

El advertimiento de Monica Spalvieri al mundo del Karate supera ya los cinco años, En enero de 1970 una joven de dieciocho años se aproximo a la academia existente, en ese entonces, en la Av. Córdoba entre Suipacha y Esmeralda, y donde dictaba clases al profesor Jorge Brinkmann, con la intención de iniciar su derrotero hacia la filosofía oriental por el camino que le ofrecía ese arte Marcial.
«Yo de karate no entendía nada confiesa, llegué a el por una inquietud netamente filosófica.

Queria conocer esa forma de vida tan integral que tienen los orientales y a su vez tan particular.
De esta manere continua combinandocon mis estudios de bioquímica, me pasaba varias horas, cuatro veces por se. mana, en el dojo. Asi, con mucho esfuerzo y dedicación, al cabo de cuatro años y medio pude alcanzar la cinta negra»

Compañera desde sus primeros pasos de los karatecas Miyahhiro, Mata, Boren y Green, esta joven primer Dan, de hablar apasible y gestos suaves, parece ignorar el hecho de ser la karateca de más alta graduación (dentro de la Shidokan) de esta parte del continente, para sumarse en un pie de igualdad con la legión de coleges que se desempeñan en el país.
La presente entrevista se realizó en el instituto de Floresta, antes mencionado, una noche de mucho calor. En el dojo unos quince alumnos. Diez u once mayores y el resto menores. Este Sensei con las uñas pintadas de color rojizo, se paseaba atentamente entre los sofocados aprendices.
En un costado, pegado a varios makiwaras, colaboraba con la clase un quinto kiu. Este es el esposo de Mónica quien luego se sumaría a la charla con YÚDO KARATE.
En el lugar lo único que se podía escuchar era el andar de un estractor de aire de vez en cuando, los kiai de los karatecas, y en otras oportunidades la voz de Mónica enumerando o corrigiendo los
ejercicios. En sintesis, una clase modelo en cuanto a disciplina. Y con respecto a esa faceta docente, la delicada y femenina cinturón negro dijo: «para una mujer resulta bastante complicado lograr esto,
Los hombres suelen ser displicentes, pero eso ocurre hasta que una le puede demostrar que dentro del dojo hay muy pocas diferencias entre los karatecas. El asiático suele ser el que adopta esa actitud con mayor frecuencia son muy ma chistas, pero insisto en que la mayoría luego se adapta. A esta postura,
Aconsejo la Instructora, nosotras debemos responderle con voluntad y deshinibición Lo ultimo, porque gran culpa del machismo la tenemos nosotras En cuanto a la existencia de un karate-do especialmente para ellas, opinó que no existe uno para la mujer, y otro para el hambre. Eso es falso Karate es uno solo. Lo que ocurre es que existen distintas diferencias físicas que son fundamentales entre ambos sexos.
Pero en ningun caso hacen la necesidad de un karate «especializado», En el caso suyo explicó por ejemplo, que debido a su contextura, brazos largos y finos, al utilizar las manos se le hacia más dificil focalizar un tzuki, En cambio le resulta más facil aplicar un mawashigeri, cosa que viendoselo hacer no ofrece duda alguna.

pues posee buena forma, velocidad y fuerza, En concreto, las piernas suelen ser mejor herramientas que las manos claro esta hablando de la karateca.

Conversando acerca de sus posibilidades técnicas, confesó que lo que mejor hace son los katas, especialmente el cuarto -dentro de su escuela- y que no practica kumite con los alumnos salvo con su par Roberto Miyaghiro: Este hecho, por supuesto motivo a que se le preguntara el porqué de esa actitud. a lo que Mónica respondió: *si el alumno es cinturón blanco, o un kiu bajo, el machismo que tienen es muy elevado. Por lo tanto casi nunca trabajan correctamente. No quieren, o no so animan ni a marcar un golpe, siqulera. Otros, asumen la postura de qué me puede enseñar una mujer, Por otra parte, tampoco con mi marido hago kumite por igual motivo».

Evitar, o no poder realizar, kumite aunque sólo sea como forma de entrena miento, puede ser perjudicial para el karateca, pues no tendrá posibilidad de evolucionar o aplicar nuevas técnicas, decir, se ha de estancar. En la dinámica de la conversación, la cinturón negro lo entendió también de esa manera. y acepto que en caso de persistir podría llegar a ser contraproducente para su carrera.
Combiando de tema, se arribó al de la publicidad que en estos momentos tienen fes artes marciales. Especialmente el karate do y el kung-fu. «Yo creo que es nociva —dijo a YUDO KARATE pues sola de una imagen: Se que es todo violencia está enseñando a la gente que con sólo aprender karate, uno va a matar a todos los que se le antoje. y eso es una mentira. «Creo ,sugirió que hay métodos para superar esos errores. Uno de ellos es enseñándole karate a los niños para que vayan aprendiendo desde corta edad que las artes marciales son un medio lograr una forma de vida, que no que le dan por televisión, y no un fin en si mismo. En ese sentido en el Instituto donde enseño se está por realizar una experiencia de esa naturaleza ciendo la enseñanza de karate para chicos. No estoy de acuerdo con la actitud de algunos gobernantes de querer limitar la práctica de las artes marciales».Mientras el reportaje continuaba haciéndose en el primer piso del coqueto gimnasio, la primer y única cinturón negro de sudamérica habló sobre el karate en la Argentina. Opinó «que en general es bueno, a pesar de que en estos momentos han aparecido un montón de primero y segundo danes que qulén les pudo haber otorgado la categoria y la habilitación para enseñar uno de los asuntos con los que hay que pero va a seguir sucediendo mientras las escuelas y federaciones se encuentren separadas Me puede decir ¿para qué dos Federaciones de Karate-Do?
A esta altura de la nota el marido de Mónica se acopló al encuentro, y la primer pregunta: ¿Cómo es su esposa?
«Bueno, dijo G. H. Larraide, yo la conocí a ella cuando ya practicaba karate, era y es muy femenina. Nunca dejó de serio. El cinturón negro no cambió su vida de ninguna manera y fue llegando la hora en que la casi silenciosa instructora debia cambiar el karategi por una vestimenta mucha más occidental: Instante en el que respondió de manera sencilla y casi con miedo «claro, con mis manos puedo matar, pero no creo que llegue a hacerlo».
